Comúnmente los consumidores
hablan de comisiones, en tono peyorativo, cuando se refieren a pagos que tienen
que satisfacer por servicios de escaso valor. Por eso se habla de
“comisiones bancarias”, “comisiones inmobiliarias”.
Definamos en primer lugar los términos:
Honorarios: Importe del servicio de profesiones
liberales.
Comisiones: Porcentaje que percibe un agente
sobre el producto de una venta o negocio.
Cuotas: Cantidad que se paga regularmente
por un producto o servicio.
La primera gran distinción, entre honorarios y
comisiones, es que los primeros se aplican sobre servicios profesionales.
Los asesores inmobiliarios ofrecen servicios, no
venden inmuebles, puesto que no son sus propietarios.
Las comisiones se generan en cuanto el producto
se vende, aplicándose un porcentaje sobre su valor, para retribuir al vendedor.
Y las cuotas son pagos periódicos, por un
servicio continuado o por la compra aplazada de un producto.
Estas cuestiones surgen porque la imagen del
público hacia el profesional inmobiliario, si bien ha mejorado en los últimos
años, en parte gracias a la crisis y a la necesidad de los propietarios, sigue
siendo muy mala, afectando a aquellos profesionales que trabajan con
profesionalidad y ética.
Las 4 tipologías de consumidores, en función
de la percepción que tienen sobre las inmobiliarias. Estudio de Idealista –
GFK, presentado en Inmocionate 16:
Las opiniones generalizadas
de los consumidores, indican que las comisiones de las inmobiliarias son
“abusivas”. La queja se extiende a la “escasa honradez“, y al uso de “contratos poco
transparentes“.
Esa imagen negativa,
es justificada por una mayoría de opiniones, debido a que las altas
comisiones no reflejan el esfuerzo real de un agente inmobiliario “tradicional“.
Sobre los contratos de exclusividad,
se cree que atan al propietario a una inmobiliaria, de forma poco transparente,
más bien encubierta, al no tener visibilidad del proceso de venta ni de los
servicios por los que se pagan las comisiones.
Como vemos, las comisiones
aparecen relacionadas directa o indirectamente en todas las malas opiniones de
los consumidores con respecto a las inmobiliarias.
Pero las inmobiliarias no
cobran comisiones, perciben honorarios por sus servicios, sólo cuando se
consigue el objetivo del cliente propietarios, que es la venta o alquiler.
Ese cobro de servicios
“a éxito”, es escasamente valorado por los consumidores y requiere una doble
reflexión: no se ha comunicado
correctamente en qué consiste el asesoramiento de un profesional inmobiliario
ni la forma en que se establecen los honorarios. El contrato de exclusiva
necesita ser explicado para que el cliente comprenda el compromiso que
adquiere la inmobiliaria y las ventajas de la exclusiva
compartida.
Tal vez haya que pasar a un modelo de
prestación de servicios, con unas cuotas fijas por cada uno de
ellos, aunque no supongan un servicio integral, hasta la firma de escrituras y
post-venta.
Fuente: www.inmoblog.com

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