Un momento. ¿Y si despiden a uno de los dos? ¿Y
si despiden a los dos? ¿Qué pasaría si la empresa promotora suspende pagos? ¿Y
si es una cooperativa? ¿Y el euríbor? ¿Han pensado que puede repetirse lo de
2008 cuando superó el 5%? ¿Por qué somos tan optimistas?
Los psicólogos evolutivos tienen una explicación
a ese irrefrenable optimismo que nos invade a los humanos: para la sociedad en
general, es mejor ser optimista que pesimista.
Imaginen esta escena hace 50.000 años: un
invierno durísimo, una glaciación que nunca acababa (la última terminó hace
12.000 años), el ataque de virus que infectaban tribus enteras y las
aniquilaba, ver a tus hijos morir por enfermedades desconocidas, ver a mujeres
morir en el parto, pasar hambre, ir caminando de un lugar a otro (entonces
éramos trashumantes), envejecer a los 50 años, sufrir inundaciones, atravesar
guerras…
Cualquiera hubiera preferido tomar la actitud del
pesimista y decir: me retiro a la cueva y me dejo morir, este mundo es un asco.
“Pero con tantas barreras aparentemente insalvables de la vida, la naturaleza
nos ha prestado los medios para crear una actitud de optimismo poco
realista sobre nuestra capacidad paras superarlas, y eso es precisamente lo que
nos ayuda”, dice el físico y especialista Leonard Mlodinow.
En las malas circunstancias, lo que ha hecho
levantarse a la tribu humana era el optimismo; no el pesimismo. Vale, a veces
es un optimismo irracional, pero ¿no era eso lo que hacía Steve Jobs? “Cuando
nos enfrentamos a la vida, el optimismo poco realista puede ser el
salvavidas que nos mantenga a flote”, añade Mlodinow en su libro Subliminal,
cómo tu inconsciente gobierna tu comportamiento (Editorial Crítica).
Pues bien, los evolucionistas creen que esa
característica se fue asentando porque las tribus más optimistas o las que
estaban lideradas por optimistas irracionales (los Steve Jobs de su tiempo),
fueron las que sobrevivieron.
Por eso, aun hoy, en medio de la crisis, nos
dejamos llevar siempre por optimistas, y cuando tenemos que tomar decisiones
económicas como comprar pisos o invertir en bolsa, vemos el futuro con
optimismo. “Cariño, este negocio no va a fallar”. Y claro, a veces falla.
¿Por qué ha sucedido? Porque nos mentimos a
nosotros mismos. Eso es lo que hace un optimista. Mentirse. “Nuestro
inconsciente nos da lo mejor cuando nos ayuda a crear un sentido positivo y
amable de nuestro yo, un sentimiento de poder y control en un mundo lleno de
poderes mucho mayores que el meramente humano”, dice Mlodinow.
Es más, en el trabajo, nos encantan esos
optimistas que nos suben la moral cuando estamos abatidos: ‘Venga chicos,
podemos hacerlo’. “Quienes se sienten bien consigo mismos –dice Mlodinow– se
muestran más dispuestos a cooperar en las negociaciones, más dispuestos a
buscar una solución constructiva a sus conflictos. También son mejores en la
resolución de problemas y están más motivados para el éxito y más dispuestos a
perseverar ante los retos”.
Los preparadores médicos deportivos y los
neurólogos saben que cuando el cuerpo humano está en su ‘estado de zona o de
flujo’, rezuma una hormona que se llama dopamina, y cuando se deprime, produce
cortisol, que nos inhibe y nos desorienta.
El optimismo, aunque sea mentirse diciendo,
‘¡vamos, tú puedes Juan!’, ayuda a superar los problemas. Incluso hay un
dicho en EEUU que es: “Finge, hasta que sea verdad”. Los psicólogos llaman a
esa actitud ‘campo de distorsión de la realidad’. Consiste en convencerse
a sí mismo y a otros de que podían lograr lo que quisieran.
Es más, la mayor parte de los logros humanos
provienen de personas que en mayor o menor medida, creía en sí misma, en su
proyecto o en su decisión. “Y es muy probable que los mayores logros
dependan de que esa persona sea no ya optimista, sino exageradamente optimista”,
añade Mlodinow.
¿Recuerdan cuando Steve Jobs les dijo a sus
ingenieros que debían fabrican un móvil revolucionario? Todos respondieron:
“Steve, eso es imposible, nosotros fabricamos ordenadores”. Y Jobs respondió:
“Vamos a fabricar el mejor móvil del mundo”. ¡Qué optimista! Pensarían algunos
ingenieros.
Fuente: www.idealista.com

No hay comentarios.:
Publicar un comentario