El corretaje
inmobiliario ha cambiado en los últimos años de forma espectacular. No
sólo por la utilización de las redes sociales y el mayor conocimiento de
Internet; sino por la forma como los clientes juzgan el
valor del servicio que prestan los corredores inmobiliarios.
En la actualidad los
clientes buscan algo más que una vivienda en la que vivir o una
oficina en la que trabajar. Ya no les basta con encontrar el mejor inmueble para
sus necesidades.
Como signo de los tiempos, los clientes se han convertido
en más sofisticados, están mejor informados y dan por supuesto un servicio
profesional. Por eso, los corredores inmobiliarios deben ofrecer un valor
agregado, para responder adecuadamente a las expectativas de los clientes.
La mejor definición de valor
agregado es lo que el corredor inmobiliario hace por encima de lo que
espera el cliente. En otras palabras, el corredor trata, en todo momento, de
sorprender agradablemente al cliente con su servicio. Trata de anticiparse,
buscando incluso las soluciones a problemas que todavía no se han
planteado.
Cuando un cliente busca
un inmueble para su compra o alquiler, sabe lo que NO quiere; pero,
habitualmente, no sabe LO QUE QUIERE. Saber interpretar las necesidades del
cliente antes de que éste las diga es aportar un valor agregado al servicio que
ayuda a diferenciarse y ofrecer mejores servicios. Adelantarse a lo que quiere
el cliente es un desafío profesional y ayuda a resolver problemas y
objeciones antes de que estos aparezcan en boca del cliente. Además, ayuda a ahorrar
tiempo en el proceso de venta.
El corretaje inmobiliario
profesional consiste en ir más allá de lo que espera el cliente: es
prepararse previamente cada entrevista con cada cliente; conocer bien las
características y beneficios de cada inmueble en tu cartera de propiedades.
Estos conocimientos son los que ayudan a vender o alquilar, dejando
clientes realmente satisfechos.
Dar valor agregado no
significa invertir más tiempo y trabajo en dar un servicio; sino en trabajar
de forma inteligente basado en la preparación previa.
Esto además genera confianza
en el corredor inmobiliario y crea relaciones de clientela de largo plazo. Es
importante generar información para las partes: informes semanales para
los clientes que confían la venta o el alquiler de un inmueble, estadísticas de
cómo está el mercado, relevamientos de oferta que justifiquen los valores
solicitados, etc.
Por otra parte, es
importante la atención de los posibles inquilinos o compradores y por tanto, de
satisfacer sus necesidades. Contar con información fehaciente, completa y
oportuna. Con capacidad para resolver problemas, atender dudas y mantener el
interés y el entusiasmo en el proceso comercial.
Otro tema fundamental es que
la actividad inmobiliaria hoy requiere un seguimiento de los clientes. La
actividad de seguimiento en la oferta de venta o alquiler apunta a tomar
contacto con aquellos que se mostraron interesados en el inmueble en las
guardias o visitas.
El seguimiento, permite a la
vez realizar una encuesta de satisfacción permanente, que posibilita medir la
satisfacción del cliente y, a la vez, volver a conversar sobre las
características de la propiedad visitada y en qué medida satisface las
necesidades de búsqueda del interesado.
Saber escuchar, saber
preguntar, no prometer más de lo que está a su alcance, proporcionarle toda la
información, ser un catálogo viviente del producto que está ofreciendo. Ser
empáticos, es decir, construir un canal de comunicación donde el cliente se
sienta cómodo. Esa habilidad de comunicación implica recurrir al lenguaje verbal
y corporal, ejercer el arte de preguntar, tener la capacidad de escuchar y
manejar adecuadamente los silencios. Todos medios para consumar el desafío de
agregar valor.
Fuente: www.elinmobiliario.com

No hay comentarios.:
Publicar un comentario