Un edificio poco común a
metros de la Plaza Once marca un rumbo posible para desarrollos futuros.
Un modelo interesante de
negocio de construcción de pequeña escala con valor agregado de diseño es lo
que realizó el arquitecto Pepe Garat, socio del estudio Zan & Garat. Se
trata de una refacción y ampliación de un edificio a sólo una cuadra de Plaza
Once, en Pueyrredón 2809, esquina Perón: una construcción con seis locales
comerciales funcionando a pleno en la planta baja, pero con tres pisos
superiores con plantas de 1.100 m2, abandonados durante décadas.
Una pena,
si se considera que la construcción está ubicada “sobre una de las avenidas más
emblemáticas de la ciudad, con gran cantidad de líneas de transporte de
colectivos y subtes”, tal como lo definen sus comercializadores, Meetin Real
Estate. El hecho, según explica Garat, es que la edificación original estaba
prevista para una torre de viviendas de 30 pisos que jamás llegó a construirse
debido a una modificación en la normativa: ahora sólo se podía agregar dos
pisos, que se destinaron a oficinas.
En total
quedaron 29 oficinas de dimensiones entre 47 m2 y 248 m2. Pero lo innovador es
el método de construcción elegido: “Decidimos usar, en todo lo posible, un
sistema constructivo industrializado que nos permitiera terminar la obra en
tiempo y en forma, y que le diera una impronta moderna y totalmente nueva al
entorno urbano”, cuenta Garat. Los cerramientos se materializaron con una piel
de vainillas de vidrio u-glass (profilit), que no solo reducen el tiempo de
armado de la fachada sino que, además, debido a su condición traslúcida,
generan una iluminación interior controlada que no requiere energía eléctrica.
Al menos,
el recurso funciona perfectamente cuando se cuenta con una orientación hacia el
Sur y el Este, como en este caso, explica Garat. Por otra parte, la piel se
mantiene limpia sólo con el agua de lluvia y permanece inalterable en el
tiempo. Por otra parte, sobre la construcción existente se proyectó un sistema
de “vainillas” prefabricadas, pero en este caso metálicas y opacas, que
sirvieron para unificar la linea de construcción y cumplen a su vez la función
de esconder las artefactos de aire acondicionado.
Garat
asegura que el ahorro al emplear estos materiales fue sobre todo en tiempo de
obra: seis meses en lugar de un año, como lo hubiera requerido una construcción
tradicional. En total, la obra costó 20 millones de pesos.
En
definitiva, el emprendimiento supone una novedad constructiva que podría
generalizarse en desarrollos inmobiliarios no residenciales para optimizar
costos y plazos de obra.
Fuente: www.clarin.com
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