Boston, Londres, Estocolmo,
Pekín y Shenzhen se disputan el título de la próxima capital mundial de la
innovación.
Un puñado de ciudades o
regiones se ha colocado a la cabeza entre las capitales mundiales de la
innovación. Como ocurrió en la Edad Media con los gremios, las empresas más
punteras de cada sector tienden a concentrarse en estos puertos tecnológicos
desde donde zarpan las tecnologías más disruptivas. El caso más paradigmático
es Silicon Valley: hogar de la industria de los semiconductores y del software,
esta zona próxima a San Francisco se ha convertido en el área más innovadora
del plantea con el 52% de las patentes registradas en toda California durante
2013, un imán para atraer a los mejores profesionales -el 47% de sus habitantes
tiene un título universitario, frente al 29% en todo Estados Unidos- y un motor
económico de primera magnitud con la creación de 57.000 nuevos puestos de
trabajo entre 2013 y 2014.
Silicon Valley, sin
embargo, no es el único caso de área disruptiva. El corredor que transcurre
paralelo a la autovía 128 en Boston, por ejemplo, es otro centro pionero en la
investigación y reúne a casi 30.000 científicos involucrados directamente en
áreas como la biotecnología, la farmacia y la investigación clínica.
En el caso de Londres, la
sombra de la City ha dado cobijo a una pujante corriente emprendedora
especializada en aplicaciones digitales para la industria financiera (fintech),
con un mercado valorado en 6600 millones de dólares y una fuerza laboral que
supera los 60.000 empleos directos. Otros centros disruptivos son Estocolmo,
especializado en tecnologías de la información y comunicación, o el área
Raleigh-Durham (Carolina del Norte), en ciencias de la vida.
¿Por qué hay
ciudades que se convierten en el mascarón de proa de la innovación y el
desarrollo de nuevas empresas y otras no? El banco Citibank ha publicado
recientemente un informe sobre tecnología y disrupción en el que establece una
serie de requisitos que debe reunir una región para estar en la vanguardia.
“Hemos detectado que el éxito de estas ciudades depende de un número de
factores como la disponibilidad de profesionales formados o una políticas
públicas que fijen unos objetivos claros a largo plazo, y que incluyan una
visión abierta de la inmigración para atraer el mejor talento”, explica
Elizabeth Curmi, analista del banco estadounidense.
Los fondos aportados por el
capital de riesgo a la financiación de nuevos proyectos y el número de patentes
registradas son dos termómetros fiables a la hora de detectar dónde están las
áreas más innovadoras del mundo.
La bahía de San Francisco
atrajo el mayor volumen de inversión del venture capital en 2014,
últimos datos disponibles, con US$ 24.800 millones, 10.000 millones más que un
año antes. Le siguen Pekín (US$ 7700 millones) y el área metropolitana de Nueva
York (US$ 5300 millones), mientras que el capítulo de patentes está liderado
por Tokio, Shenzhen y San Francisco.
Fuente: www.prensarealestate.com

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