Entran en circulación los
billetes de $ 500. En octubre próximo saldrán a la calle los de $ 200 y, a
comienzos de 2017, los de $ 1000.
¿Estamos delante de una simple cuestión de
comodidad o también frente a una "señal" de política monetaria? Las ventajas
son obvias, pero, ¿le generará esto inconvenientes a algunos compatriotas?
Al respecto entrevisté al
norteamericano Edward Stone Shaw (1908-1994), quien desde su tesis doctoral
propuso basar el análisis monetario sobre la base de los balances de las
instituciones financieras. Al igual que a Hyman Philip Minsky, le preocupaba la
inestabilidad macroeconómica inherente a las decisiones adoptadas en los
bancos, por lo cual proponía regular el funcionamiento del sector. En la
comunidad académica es principalmente conocido por Dinero en una teoría de
las finanzas, que en 1960 publicó junto con John G. Gurley.
-¿Con qué criterio hay que
elegir la unidad de cuenta, en un sistema monetario y la denominación de los
billetes?
-Con el de la comodidad para
realizar las distintas transacciones. En un país donde la unidad monetaria es
muy pequeña, un caramelo puede costar $ 12.345.678; en un país donde es muy
grande, un auto de alta gama puede costar $ 0,001. ¿Se imagina hacer transacciones
en un país como ese?
-¿Y la denominación de los
billetes?
-Nuevamente, una cuestión de comodidad. Cuando, producto de la inflación, los precios en pesos aumentan,
pero se siguen emitiendo billetes de bajas denominaciones, cada vez se
necesitan más billetes para comprar la misma cantidad de bienes. Lo cual genera
derroches de papel, tinta, tiempo para contarlos, tamaño de las billeteras y
las carteras, y velocidad con la cual hay que reponer el efectivo en los
cajeros automáticos. Afortunadamente, ahora el tamaño de los billetes no
aumenta con su denominación, cosa que no ocurría con los denominados
"pesos moneda nacional".
-Pero emitir billetes de $
500, para reemplazar parcialmente el uso de los de $ 100, les complicará la
vida a los operarios de la Casa de la Moneda, los choferes de los camiones de
caudales y los repositores de los cajeros automáticos.
-De la misma manera que la
invención de la lámpara eléctrica les complicó la vida a los operarios de las
fábricas de velas. A propósito: hace un tiempo, por presión sindical, se frenó
la iniciativa de dejar de imprimir estados de cuenta financieros, para
distribuirlos de manera electrónica. Espero que ahora no ocurra algo parecido.
-El anterior gobierno no
emitió billetes de mayor denominación. La decisión del gobierno actual, ¿no
aumentará las expectativas inflacionarias?
-Los argentinos padecen
inflación desde la Segunda Guerra Mundial, de manera que si algo les sobra, eso
es experiencia. Pretender que un detalle operativo, como la denominación de los
billetes, controle o siquiera afecte las expectativas inflacionarias es
subestimar a sus compatriotas. Tampoco le sirvió al anterior gobierno, por lo
que su comportamiento en esta materia tiene que explicarse por otro tipo de
razones.
-Desde el punto de vista
monetario, ¿qué importancia tiene el motivo elegido para ilustrar los billetes?
-Ninguna. Probablemente para
evitar debates que puedan demorar el lanzamiento de billetes de mayor
denominación, las actuales autoridades optaron por dejar de utilizar figuras
humanas. A modo de chanza sugeriría utilizar fotografías pornográficas, para
alentar la demanda de dinero para atesorar y mejorar la balanza de pagos,
porque algunos extranjeros podrían tener interés en coleccionarlos. Pero no
basaría la política monetaria en esto.
-Entonces, ¿da lo mismo
cualquier ilustración?
-Quienes diseñan billetes no
le prestan atención tanto a las ilustraciones como a complicarles la vida a los
falsificadores. Por eso, más allá del motivo elegido, incluyen marcas de agua,
relieves y firuletes. Y como los falsificadores tienen incentivos para imprimir
los billetes de mayor denominación, desde el punto de vista del diseño la
complejidad de los billetes tiene que aumentar con la denominación.
Fuente: www.lanacion.com.ar

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