En su origen fue una forma
de “activismo accionario”. Los inversores encontraron una manera de
expresar sus mensajes de disenso, votando y excluyendo de sus carteras a
empresas con implicaciones o relaciones con, por ejemplo, el apartheid en
Sudáfrica o, luego, con la guerra de Vietnam. Con el tiempo, los motivos de
exclusión esgrimidos por los fondos de inversión tomaron diferentes formas,
como la penalización de la industria tabacalera en Estados Unidos, la
fabricación de armas o las pruebas de productos en animales, principalmente en
el Reino Unido.
La evolución del concepto de Inversión
Socialmente Responsable (ISR) se orientó a “premiar” y priorizar activos
de compañías con buenas prácticas tanto en su gestión financiera – por
supuesto– como en la de los aspectos sociales y ambientales. En respuesta
a esta demanda, nacieron los índices bursátiles de referencia relacionados,
como el Índice de Sustentabilidad Dow Jones (DJSI) creado en 1999 por
Dow Jones y el FTSE4Good, desarrollado en 2001 por la Financial Times
Stock Exchange.
Los 6 principios de Inversión Responsable
Con la visión de impulsar la transparencia y
sostenibilidad en el sistema financiero global, en 2005, el entonces secretario
de las Naciones Unidas, Kofi Annan, convocó a los más importantes inversores
institucionales y organismos financieros del mundo, para desarrollar en
conjunto los Principios de Inversión Responsable (PRI,
por sus siglas en inglés). Desde entonces, es el marco voluntario para la
incorporación de criterios de sustentabilidad en la gestión de activos más
difundido en el mundo. A la fecha, los PRI cuentan con alrededor de 1500
adherentes de 50 países del mundo, que representan casi 60 billones de dólares
en activos –un 50% del total mundial de la base de activos institucional.
Los Principios de
Inversión Responsable están hechos por y para los inversores
profesionales. Su adhesión es voluntaria y establecen el compromiso a:
1) Incorporar
criterios ASG (Ambientales, Sociales y de Gobierno Corporativo) en
los procesos de análisis y toma de decisión en materia de inversiones.
2) Ser propietarios activos e
incorporar las cuestiones ASG en las políticas de inversión (por ejemplo,
participando de las juntas de las empresas en las que inviertan).
3) Exigir a las entidades en las que
inviertan que publiquen la información apropiada sobre las cuestiones
ASG.
4) Promover la aceptación y la aplicación de los
Principios de inversión socialmente responsable (ISR) entre la comunidad
inversora.
5) Colaborar entre sí para mejorar la
eficacia de la aplicación de los Principios.
6) Informar sobre las actividades y progresos
obtenidos en la aplicación de los Principios.
Aunque está comprobado que las inversiones con
criterios responsables ofrecen la misma rentabilidad media que una inversión
convencional, su adopción aún es lenta. Según uninforme del CFA Institute,
sobre una muestra de profesionales de todo el mundo, más de un cuarto de los
inversores dijo no considerar criterios ambientales, sociales o de gobernanza
en sus procesos de toma de decisión, porque no cuentan con el conocimiento
(21%) o la formación para aplicar estos criterios en su análisis (21%).
En Argentina, la incorporación de la ISR está
bastante verde. Como ejemplo, al consultar eldirectorio de
signatarios a los Principios de Inversión Socialmente Responsable,
se encuentra sólo una firma adherente de nuestro país: la empresa BA
Desarrollo, del Grupo Provincia.
Fuente: www.apertura.com

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