A poco más de 100 días de
haber asumido la presidencial, Cambiemos ha llevado adelante importantes
cambios económicos como la eliminación del cepo cambiario, avanzar en una solución
al default de la deuda con los holdouts. También ha llevado adelante
importantes cambios en política exterior al priorizar relaciones saludables con
el mundo desarrollado como sugieren la vuelta a al foro de Davos y la reciente
visita de Obama, el presidente de Estados Unidos.
Estos
cambios en la gestión son importantes y necesarios, pero no suficientes, para
corregir las repetidas crisis económicas de Argentina. Decir que estas medidas
son necesarias, pero no suficientes, de ninguna manera busca quitar mérito a
los positivos logros de Cambiemos al principio de su gobierno, pero sí busca
diagnosticar cuál es el origen principal de los problemas de la
economía argentina y cuáles son problemasderivados del desequilibrio
económico central: el déficit fiscal.
El
siguiente gráfico muestra un período aproximado de 50 años de déficit fiscal en
Argentina. El único período de superávit que se percibe es luego de la crisis
del 2001 (nuevos impuestos, como el impuesto al cheque, y la devaluación
asimétrica). En términos de resultado fiscal respecto al PBI, se aprecia que la
dirigencia política se consumió el superávit de manera inmediata. Estos
resultados cuestionan la lectura de que Néstor Kirchner estaba genuinamente
preocupado por tener un superávit fiscal.
Este gráfico, al mostrar
prácticamente medio siglo de déficit, sugiere que el problema no se reduce a
qué movimiento político está cargo el gobierno, sino que hay un problema
estructural que trasciende a los presidentes de turno.
Argentina
ha vivido en déficit tanto con gobiernos peronistas, como radicales, como
militares. El desafío de Cambiemos, no es meramente de equilibrar las cuentas,
sino de revisar la estructura del estado. El 2015 terminó con un déficit fiscal
en torno al 9% del PBI (la crisis del 2001 fue con un déficit del 7% del PBI).
Una revisión fiscal de esta magnitud implica nada menos que cuestionarse cuál
debe ser el rol del estado en Argentina. Este debate, sin embargo, se encuentra
fuera del debate en la opinión pública y el gobierno actual no parece tener
interés en plantearlo de manera genuina; es decir, más allá de sostener que la
gestión debe ser transparente y eficiente.
Hay
dos maneras fundamentales de financiar un déficit fiscal. Con emisión monetaria
o con deuda. Simplificando, podemos resumir que los ‘80 se financiaron con
emisión monetaria, culminando en un serio contexto inflacionario. Los ‘90 se
financiaron con deuda, lo cual culminó con el default del 2001. El gobierno
kirchnerista se financió nuevamente con emisión monetaria lo cual terminó en un
contexto de estanflación.
Hay
también dos maneras fundamentales de eliminar el déficit fiscal. Aumentando
impuestos o bajando el gasto. Aumentar impuestos cuando la presión impositiva
(consolidada) supera al 40% del PBI en un contexto de estanflación no es viable
para cerrar un déficit de 9 puntos del PBI. Para bien o para mal, no queda
alternativa que revisar el nivel de gasto. Si no se puede aumentar la
recaudación, es necesario bajar el gasto.
Hay
en principio, una tercera alternativa para cerrar el déficit fiscal. La misma
consiste en hacer que los gastos crezcan más despacio que la economía de modo
tal que eventualmente la recaudación alcance al gasto y se elimine el déficit
fiscal. Parece ser ya muy tarde para esta estrategia. Es como, si al conducir
en la autopista, yo es tarde para desacelerar y es necesario pisar el freno.
Cambiemos
ha informado su objetivo, prácticamente eliminar el déficit fiscal para el
final del gobierno de Macri. Cambiemos no ha sido claro, sin embargo, en
explicar cómo se va a cumplir dicho objetivo.
Esto
deja abierto a interpretación cuál es la estrategia de Cambiemos para
equilibrar el fisco. Una de dichas interpretaciones es que la estrategia
consistía (o aún consiste) en la expectativa de que el cambio de gobierno, la
salida del cepo, y el arreglo con los holdoutsresultaría en una entrada de
inversiones y en un aumento de la actividad económica que redundaría en mayor
recaudación y en cerrar el déficit fiscal.
Hasta
ahora esto no ha ocurrido. ¿Es esta, sin embargo, una estrategia realista?
¿Cuál es el nivel de inversiones y aumento del PBI necesario para que se cierre
el déficit fiscal? Si el gasto se mantiene constante, y la recaudación por PBI
no cambia, el PBI debe subir nada menos que 9 puntos para cerrar el
desequilibrio fiscal. Con una infraestructura deteriorada, un contexto de alta
inflación, impuestos distorsivos como el impuesto al cheque, etc., no parece
ser un objetivo realista.
Este
desequilibrio madre de la economía argentina trasciende a partidos y
movimientos políticos. Ha sido el mismo ya por medio siglo. Solucionar el mismo
requiere más que una administración eficiente y austera, requiere replantearse
el rol y estructura del estado en Argentina. La debilidad política de los otros
partidos, y habiendo ganado no sólo presidencia, sino también Ciudad y
Provincia de Buenos Aires, la oportunidad de cambio de Cambiemos sea
posiblemente única.
Fuente: www.cartafinanciera.com


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